Demolition Man

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"Demolition Man" (1993) es una de las distopías más proféticas del cine. Lo que en los 90 parecía una parodia exagerada de la corrección política y la tecnología futurista, hoy parece un documental.

Vamos a repasar unas cuantas cosas que ACERTÓ.

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La obsesión por lo políticamente correcto y la cultura de la cancelación.
El San Ángeles de 2032 es una sociedad hiper-regulada donde el lenguaje está vigilado al milímetro. Decir una palabrota te cuesta una multa automática (gracias a las máquinas de multas por el "Estatuto de Moralidad Verbal").
Aunque no tenemos máquinas automáticas que nos suelten un ticket, la cultura de la cancelación y la extrema sensibilidad en redes sociales recuerdan muchísimo a este control social.

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Las videollamadas en pantallas gigantes.
En la película, las reuniones del doctor Cocteau y los agentes se hacen a través de enormes pantallas donde los rostros de los participantes se mueven según quién habla. En la era post-2020, entre Zoom, Teams y las pantallas inteligentes instaladas en los salones de medio mundo, esta tecnología es algo habitual.

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La fobia a los gérmenes y el fin del contacto físico.
Tras pandemias y crisis sanitarias varias, la sociedad prohíbe el contacto físico: nada de abrazos, nada de darse la mano (se saluda a distancia dibujando círculos en el aire) y, por supuesto, nada de intercambio de fluidos.
Después de lo vivido en 2020 con el uso masivo de gel hidroalcohólico y el distanciamiento social, esta predicción da bastante miedo.

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Coches autónomos y eléctricos.
Los coches de policía y los vehículos civiles de la película se conducen solos con comandos de voz, son completamente eléctricos y, en caso de colisión, despliegan una espuma protectora.
Quitando la espuma, la descripción encaja perfectamente con los Tesla, los coches autónomos de Google (Waymo) y la transición hacia el vehículo eléctrico.

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El control por voz y la domótica (Alexa y Google Home).
John Spartan se vuelve loco intentando encender y apagar las luces de su apartamento porque todo funciona respondiendo a comandos de voz de una IA central. Hoy en día, decir "Alexa, apaga el salón" o "Oye Siri, pon música" es lo normal en millones de hogares.

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La fusión de grandes corporaciones (El "Efecto Taco Bell").
Una de las bromas más famosas de la película es que Taco Bell es el único restaurante que sobrevivió a la guerra de las franquicias, por lo que todos los restaurantes del mundo son Taco Bell (en la versión europea se cambió por Pizza Hut).
Aunque no de forma tan radical, vivimos en la era de los megapandemonios corporativos, donde unas pocas multinacionales controlan casi todo el mercado de la alimentación y el entretenimiento.

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La desaparición del dinero físico y el auge de los microchips.
En San Ángeles nadie lleva billetes ni monedas; todo se paga mediante un chip de identificación implantado en la mano o mediante biometría. Hoy en día tenemos pago con el móvil, relojes inteligentes, el sistema contactless y ya hablan de acabar con el efectivo.

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Arnold Schwarzenegger en la política.
En una escena, Lenina Huxley le explica a un confundido John Spartan que, tras la tremenda popularidad del actor, se aprobó una enmienda constitucional para permitir que los extranjeros pudieran ser presidentes, dando pie a la "Biblioteca Presidencial Arnold Schwarzenegger".
En 2003, Schwarzenegger fue elegido Gobernador de California.

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